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Por: P. Miguel A. Fuentes

 

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Hola Padre, mi nombre es A.B. Soy de Buenos Aires. Le cuento que empecé a hacer una suplencia en un colegio regenteado por religiosos (no menciono por prudencia la Congregación). Allí una profesora le está enseñando a los alumnos la ideología de género y ha llevado, para eso, miembros de la LGTT (lesbianas, gays, travestis y transexuales), enseñando a sus alumnos que lo sexual es cuestión de construcción y elección. Al hablar con las autoridades, planteándoles la incompatibilidad de estas doctrinas con la confesión católica del Colegio, me respondieron que dentro de la Iglesia hay otras posturas y no solo la que yo planteo, y que en la misma Iglesia conviven y compatibilizan esta postura de la de identidad como construcción con otras más tradicionales. Por esto, me gustaría que me dijera si esto es así, lo cual creo que no, pero también me gustaría tener fuentes como para demostrarlo en la misma Institución. Muchas gracias.

 

Estimada A. B.:

 

De ninguna manera hay en la Iglesia diversas posturas sobre este tema. Lo que puede ser es que haya personas, incluso pastores, que sostengan errores. Esto es inevitable, y es lo que explica todas las herejías que ha habido a lo largo de la historia de la Iglesia.

 

El Papa Francisco se ha referido a este tema en la Exhortación “Amoris laetitia” n. 56, donde puedes leer lo siguiente:

 

“Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo» [Relación final del Sinodo 2015, 8]. Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños. No hay que ignorar que «el sexo biológico (sex) y el papel sociocultural del sexo (gender), se pueden distinguir pero no separar» [ibid, 58]. Por otra parte, «la revolución biotecnológica en el campo de la procreación humana ha introducido la posibilidad de manipular el acto generativo, convirtiéndolo en independiente de la relación sexual entre hombre y mujer. De este modo, la vida humana, así como la paternidad y la maternidad, se han convertido en realidades componibles y descomponibles, sujetas principalmente a los deseos de los individuos o de las parejas» [ibid. 33]. Una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada”.

 

También te transcribo un párrafo de la conferencia del año 2009 del Cardenal Ennio Antonelli, presidente (en ese momento) del Consejo Pontificio para la Familia, dada a los nuevos obispos (los nombrados por el Papa, el año anterior a esta conferencia) sobre “El obispo y la pastoral familiar”. Dice así en el párrafo dedicado al tema de “La teoría de género”:

 

«El desafío más peligroso viene de la ideología de género, nacida en los ambientes feministas y homosexuales anglosajones y ya difusa ampliamente en el mundo. Según dicha teoría, el sexo biológico no tiene ninguna importancia; no tiene mayor significado que el color de cabello. Lo que cuenta es el género, o sea la orientación sexual que cada uno elige libremente y construye según los propios impulsos, tendencias, deseos y preferencias. Se ha hecho célebre la frase de Simone de Beauvoir: “On ne naît pas femme; on le devient” (No se nace mujer se hace). Frase acuñada sobre el vestigio de una afirmación de Erasmo di Rotterdam a propósito de la educación de los niños “Homines non nascuntur, sed effinguntur”. El ser humano es, pues, no una realidad natural, sino cultural (constructivismo).

 

El valor supremo a tutelar es la libertad de elección. Cada uno debe tener la posibilidad de construir la orientación sexual propia y eventualmente cambiarla durante su vida. Mientras los sexos biológicos son dos solamente, las categorías de comportamiento sexual son numerosas: heterosexual masculina, heterosexual femenina, homosexual, lésbico, bisexual, transexual, travesti, voyeurismo, otras formas indiferenciadas y flexibles. Todas las prácticas son respetables y de legitimidad social. En el pasado la diferencia natural de los dos sexos servía para afirmar y mantener la supremacía y el dominio masculino en muchos ambientes: economía, instrucción, arte, filosofía, religión, política, convivencia civil. Según la concepción naturalista (véase por ejemplo Aristóteles) el hombre nace para ser activo en la producción, para trabajar fuera de casa, para operar en la sociedad, para dirigir; en cambio la mujer nace para ser pasiva en la producción, acoger la vida y cuidarla, educar a los hijos, trabajar en casa, obedecer. El naturalismo debe ser sustituido por el constructivismo, el valor falso del sexo por el valor del gender. Se necesita renovar la mentalidad y el modo de vivir, cambiando las normas sociales que rigen la sexualidad.

 

En nombre de la libertad de elección, de la igualdad y de la lucha contra la discriminación vienen reivindicados los llamados “nuevos derechos humanos” y en particular los “derechos sexuales y reproductivos”. Vuelven en esta categoría: la legitimación jurídica de las varias formas de convivencia, la familia en todas sus formas, el derecho al ejercicio estéril de la sexualidad (solución a la explosión demográfica), el matrimonio gay, la anticoncepción, la libertad de abortar, la libertad para todos de adoptar niños, la libertad de procrear artificialmente, la represión de la homofobia, la promoción de la libertad sexual de los adolescentes aún en contra de la voluntad de sus padres.

 

A las instancias políticas de los varios niveles se les pide de gobernar según la perspectiva de género. Desgraciadamente estas peticiones encuentran una escucha creciente: ONG, Agencias de la ONU para la población, salud y educación, conferencias del Cairo (1994) y de Pekín (1995), Parlamento Europeo de Estrasburgo. Hasta ONG de inspiración cristiana y asociaciones caritativas católicas se dejan tentar de palabras sacrosantas como dignidad, misericordia, respeto a la libertad, lucha contra la discriminación y la marginación».

 

El texto completo lo puedes encontrar en la página del Vaticano.

 

La doctrina católica sobre cada una de estas problemáticas (homosexualidad, lesbianismo, transexualidad….) es la que encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica (cf. nn. 2357-2359) y en los demás documentos magisteriales. Si alguien enseña lo contrario, simplemente enseña contra la Doctrina Católica, aunque se proclame católico, lo cual pasa a ser pura palabrería, sin ningún valor efectivo, porque lo que hace que alguien sea católico es que comparta la fe de la Iglesia, además de estar válidamente bautizado en ella; no el mero autoproclamarse.

 

En Cristo y María.

Con mi bendición.

P. Miguel A. Fuentes, IVE.

 

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16 de setiembre de 2021 - 3:52 PM

Redacción ACI Prensa

 

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El Papa Emérito Benedicto XVI ha señalado que la legalización del matrimonio de personas del mismo sexo en muchos países es “una distorsión de la conciencia” que también ha afectado a algunos en círculos católicos.

 

En la introducción de un nuevo libro que reúne sus escritos sobre Europa, Benedicto XVI resalta que “con la legalización del ‘matrimonio del mismo sexo’ en 16 países europeos, el asunto del matrimonio y la familia ha tomado una nueva dimensión que no puede ignorarse".

 

“Presenciamos una distorsión de la conciencia que evidentemente ha penetrado profundamente en sectores de personas católicas”, escribe el Papa Emérito.

“Esto no puede responderse con un poco de moralismo o incluso con algunas referencias exegéticas. Este problema es más profundo y por lo tanto debe ser respondido en sus términos fundamentales”, precisa Benedicto XVI.

 

La introducción, publicada en el diario Il Foglio este 16 de septiembre, pertenece al libro en italiano “La verdadera Europa: Identidad y misión”.

 

El Papa Francisco escribió el prefacio del libro, que reúne diversos escritos de Benedicto XVI.

 

En el prefacio, Francisco escribe que “más allá de muchas palabras o de proclamaciones altisonantes, hoy en Europa la sola idea del respeto por la vida humana se pierde cada vez más, comenzando por la pérdida de conciencia de su sacralidad, es decir, precisamente comenzando desde la ofuscación de la conciencia de que somos criaturas de Dios”.

 

“Benedicto XVI no tiene miedo de denunciar, durante años, con gran valor y previsión, las muchas manifestaciones de esta renuncia dramática de la idea de creación, hasta las actuales y finales consecuencias, descritas de una forma totalmente clara y convincente en el texto introductorio”, indica el Papa Francisco.

 

En su introducción, Benedicto XVI afirma que es importante observar que el concepto de “matrimonio del mismo sexo” es “una contradicción con todas las culturas de la humanidad que han seguido hasta ahora, y esto significa una revolución cultural que es opuesta a toda la tradición de la humanidad hasta hoy”.

 

El Papa Emérito resalta que no hay duda de que las distintas culturas tienen diversas concepciones morales y jurídicas sobre el matrimonio y la familia, como las profundas diferencias entre monogamia y poligamia.

 

Sin embargo, enfatiza que la comunidad básica nunca ha cuestionado el hecho de que la existencia del ser humano en sus formas masculina y femenina está ordenada a la procreación, “así como el hecho que la comunidad de hombre y mujer y la apertura a la transmisión de la vida determinan la esencia de lo que se llama matrimonio”.

 

“La certeza básica de que la humanidad existe como masculina y femenina, y que la transmisión de la vida sirve a esta tarea y que, en esta, más allá de todas las diferencias, en esto consiste esencialmente el matrimonio, es una certeza original que ha sido obvia para la humanidad hasta ahora”, escribe Benedicto XVI.

 

El Papa Emérito indica que lo que socava fundamentalmente esta idea se introdujo con la invención de la píldora anticonceptiva y la posibilidad que abrió de separar la fertilidad de la sexualidad.

 

“Esta separación significa, de hecho, que de esta manera todas las formas de sexualidad son equivalentes. Ya no existe un criterio fundamental”, resalta.

Según Benedicto XVI, este nuevo mensaje transformó profundamente las conciencias de hombres y mujeres, primero lentamente pero ahora de forma más clara.

 

Desde la separación de sexualidad de la fertilidad, continúa, llega lo contrario: “La fertilidad, naturalmente, puede pensarse incluso sin sexualidad”.

 

El Papa Emérito destaca que en ese panorama parece correcto ya no confiar más la procreación de seres humanos a la “pasión ocasional de la carne, sino a un plan y producción de humanos racionalmente”.

 

De ese modo, el ser humano ya no es “concebido ni generado sino hecho”, subraya el Pontífice Emérito, lo que significa que una persona humana ya no es un don a ser acogido sino “un producto planificado por nuestro quehacer”.

 

En ese sentido, Benedicto XVI indica que si se puede planear hacer vida, también es verdad que se puede planear destruirla, alertando que el creciente apoyo al suicidio asistido y la eutanasia parece ser un “fin planeado para acabar con la vida de alguien como parte integral de la tendencia descrita”.

 

Entonces, el asunto del matrimonio del mismo sexo no se refiere a ser “un poco más de mente abierta. En realidad, surge una pregunta básica: ¿quién es el hombre? Y con ella surge la pregunta sobre si hay un Creador o si somos todos simplemente productos manufacturados”.

 

“Aparece esta alternativa: el hombre es una criatura de Dios, a su imagen y semejanza y un don de Dios, o el hombre es un producto que él mismo sabe cómo crear”, escribe el Papa Emérito.

 

Benedicto XVI también señala que el movimiento ecológico ha establecido que hay límites en la naturaleza que no se pueden ignorar y, del mismo modo, la persona humana posee una naturaleza que se le ha dado “y la violación o negación de esta puede llevar a la autodestrucción”.

 

“Ese es también el caso con la creación del hombre como masculino y femenino, que es ignorada con la hipótesis del ‘matrimonio del mismo sexo’”, subraya.

Traducido y adaptado por Walter Sánchez Silva. Publicado originalmente enCNA

 

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Por supuesto condeno el odio, la violencia y la discriminación contra las personas LGTBI, que han de ser tratadas con respeto y delicadeza, como cualquier otra persona, pero por supuesto no puedo estar de acuerdo con lo que la Ideología de Género y el Orgullo LGTBI defienden.

 

Por: Pedro Trevijano Etcheverria

 

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Este 3 de Junio el Ayuntamiento de mi ciudad de Logroño ha aprobado por unanimidad de todos los Partidos políticos representados en él, es decir PSOE, PP, Podemos, Ciudadanos y Partido Riojano, una DECLARACIÓN INSTITUCIONAL DEL AYUNTAMIENTO DE LOGROÑO CON MOTIVO DEL DÍA INTERNACIONAL DEL ORGULLO LGTBI 2021.

 

Como ciudadano y católico logroñés me duele ver a mi Ayuntamiento haciendo el ridículo ensalzando la Ideología de Género y el Orgullo LGTBI, cuyo objetivo parece ser, como dice el acertado título del libro de Alicia Rubio: «Cuando nos prohibieron ser mujeres… y os persiguieron por ser hombres», constituyendo además una muy seria amenaza para el deporte femenino, aparte de ser incompatible con la doctrina cristiana.

 

Por supuesto condeno el odio, la violencia y la discriminación contra las personas LGTBI, que han de ser tratadas con respeto y delicadeza, como cualquier otra persona, pero por supuesto no puedo estar de acuerdo con lo que la Ideología de Género y el Orgullo LGTBI defienden. Como dice el Concilio Vaticano II el aborto no es un derecho, sino un crimen abominable (cf. GS nº 51), la eutanasia una práctica infame (cf. GS nº 27), la educación sexual ha de realizarse de una manera positiva y prudente, donde por supuesto no todo vale y mucho menos la corrupción de menores, la fornicación, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica «es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana» (nº 2353).

 

Desde luego no considero, al contrario que mi Ayuntamiento en su Declaración Institucional que la aprobación del matrimonio igualitario en España, realizada hace ya dieciséis años, sea un hecho histórico de gran simbolismo y menos por supuesto positivo. Más bien, pienso como San Pablo en su Carta a los Romanos 1,18-32 y corrobora el Catecismo de la Iglesia Católica «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados» (nº 2357). Por su parte el cardenal Bergoglio, hoy Papa Francisco, en carta del 20 de Junio del 2010, se opone a la consideración de la unión homosexual como matrimonio, porque está en juego la identidad y la supervivencia de la familia, así como la vida de tantos niños que serán discriminados de antemano privándolos de la maduración humana que Dios quiso se diera con un padre y una madre. Ello además supone un rechazo frontal a la ley de Dios, grabada en nuestros corazones. Incluso afirma: «No seamos ingenuos; no se trata de una simple lucha política, es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento) sino de una ´´movida´´ del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios». Es decir lo que se persigue con ello es la destrucción del matrimonio y la familia, para dejar a las personas, y especialmente a los niños, sin puntos de referencia y, por tanto, más fácilmente manipulables.

 

Supongo que habrá concejales que se consideren católicos: ¿es que no se dan cuenta de la burrada a la que han dado su voto a favor y que como dice el libro de Hechos: «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres»? (5,29).

 

Esta situación se origina porque el hombre ha abandonado a Dios y el ser humano ya no siente la necesidad de ser salvado. El hecho de negar a Dios nos conduce a la soledad y a no entender que estamos aquí para amar a Dios y a los demás, porque como dice Dios en Génesis 2,18: «no es bueno que el hombre esté solo». Cuando se vuelve la espalda a Dios el bien y el mal ya no existen porque el relativismo ha arrasado con todo y así sucede que el bien es el mal y el mal el bien, como sucede con el aborto. Pero Dios se ha hecho hombre para dar sentido a nuestra libertad y enseñarnos el camino hacia la felicidad eterna.

 

Pedro Trevijano, sacerdote

 

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Les ofrecemos la entrevista que el Arzobispo de San Francisco Salvatore Cordileone ofreció al periódico estadounidense USA Today, con motivo de que la Corte Suprema de los EUA,

próximamente revisará el fallo que dejó sin efecto la Proposición 8 de California, donde los votantes de ese Estado decidieron mantener el matrimonio como una relación sólo entre un hombre y una mujer.

¿Cuál es la principal amenaza en permitir que gays y lesbianas se casen?

La mejor pregunta es ¿Cuál es el principal bien en proteger el concepto público de que para constituir un matrimonio necesitas un esposo y una esposa?

 

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"¡Promover la diversidad de la 'orientación sexual' por África, Asia, Oceanía, América del Sur significa llevar al mundo a una deriva total de decadencia antropológica y moral. Vamos hacia la destrucción de la humanidad!"

El Cardenal Robert Sarah* escribió el prólogo al libro de Marguerite A. Peeters, Il Gender, Una questione politica e culturale, publicado recientemente en Italia.

Si el libro es importante, también lo son las palabras del Cardenal Sarah, que con su claridad perforan el velo de ambigüedad y de hipocresía que rodea a la "perspectiva de género" incluso, por desgracia, en sectores del mundo católico. Por eso reproducimos algunos de sus párrafos.

 

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