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Por: Richbell Meléndez

Escuela de Apologética:

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Solemos escuchar por parte de los defensores de la homosexualidad, aún más por parte de los homosexuales que dicen ser cristianos, que la Iglesia los "persigue" cosa que es completamente falsa, la Iglesia se opone a que consientan sus actos homosexuales y los invita a vivir en castidad como lo expresa el Catecismo.

 

"Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana." (CEC 2359)

 

Si conoces a algún cristiano rebelde que dice "Soy gay y Dios me ama así" para justificar la aprobación de los actos homosexuales, invitale a leer la vida de San Pelagio, santo mártir que murió por rehusarse a consentir los deseos homosexuales de Abd al-Rahman III (También llamado Abderramán III; Córdoba, 891 - 961) Emir (912-929) y primer califa omeya de Córdoba (929-961).

 

San Pelagio, fue un niño cristiano que desde pequeño fue formado en la fe católica, consciente de la importancia de los sacerdotes en la Iglesia, cuando tenia 10 años decidió cambiar de lugar en la cárcel con su tío Hermoigio, obispo de Tuy quien había sido capturado y llevado a las cárceles del califa en Córdoba. Esto lo hizo para que el Obispo de Tuy pudiera volver para servir al pueblo de Dios que se había quedado sin pastor.

 

Durante 3 años estuvo preso Pelagio, pero sin renegar por un momento de su fe en Cristo. Aún así el califa Abd al-Rahman III quien como registra la historia practicaba la homosexualidad con jóvenes se sintió atraído por el joven Pelagio, a quien le dijo lo siguiente:

 

"Niño, te elevaré a los honores de un alto cargo, si quieres negar a Cristo y afirmar que nuestro profeta es auténtico. ¿No ves cuántos reinos tengo? Además te daré una gran cantidad de oro y plata, vestidos los mejores y adornos los precisos. Recibirás, si aceptas, el tipo que tú eligieres entre estos jovencitos, a fin de que te sirva a tu gusto, según tus principios. Y encima te ofreceré pandillas para habitar con ellas, caballos para montar, placeres para disfrutar. Por otra parte, sacaré también de la cárcel a cuantos desees, e incluso otorgaré honores inconmensurables a tus padres si tú quieres que estén en este país"

 

Pero Pelagio, fiel a su fe católica, rechazó con firmeza las propuestas del califa diciendo:

 

"Lo que prometes, emir, nada vale, y no negaré a Cristo, Soy cristiano, lo he sido y lo seré, pues todo eso tiene fin y pasa a su tiempo; en cambio, Cristo, al que adoro, no puede tener fin, ya que tampoco tiene principio alguno, dado que Él personalmente es el que con el Padre y el Espíritu Santo permanece como único Dios, el cual nos hizo de la nada y con su poder omnipotente nos conserva"

 

Pero el califa Abd al-Rahman III le continuó insistiendo, al punto de ordenar a los jovencitos de su corte que lo adularan, a ver, si, apostatando se rendía a tantas grandezas prometidas, a lo que Pelagio le respondió:

 

"Retírate, perro, ¿Es que piensas que soy como los tuyos un afeminado?"

 

El califa al no poder convencer a Pelagio que apostatara de su fe y consintiera los deseos homosexuales, ordenó "colgadlo en garruchas de hierro y, una vez constreñido hasta el máximo elevándolo hacia lo alto, bajadlo reiteradamente el tiempo necesario para que exhale su espíritu", de mismo modo ordenó que lo despedazasen con la espada, miembro a miembro, y que fuese arrojado al río. Los verdugos, por su parte, en virtud de la orden recibida, después de sacar el puñal, se entregaron frenéticamente a tan crueles escarnios contra él, que se podría pensar que ejecutaban el sacrificio que, sin ellos saberlo, era necesario que se ofreciera en presencia de nuestro Señor Jesucristo. Uno le amputó de cuajo un brazo, otro le segó las piernas, otro incluso no dejó de herir su cuello.

 

Como pueden ver en la historia de San Pelagio, un mártir cristiano que prefirió dar su vida a Cristo antes de renegar de su fe y consentir los deseos homosexuales de un musulmán pederasta y homosexual.

 

Pero ahora en pleno siglo XXI, muchos osan llamarse cristianos y defender el pecado de consentir los deseos homosexuales.

 

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Richbell Meléndez, estudiante de teología en la EATEL, colaborador asiduo de distintas páginas de apologética católica y tutor de la escuela de apologética online DASM.

 

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Pregunta:

¿Es cierto que la iglesia católica desde el principio no miró mal la práctica de la homosexualidad y que eso es algo reciente? Atte Juan

 

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 Martin Zavala
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