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Por: P. Javier Olivera Ravasi

 

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Hace tiempo que se viene hablando de la adelphopoiesis, un supuesto “matrimonio homosexual” practicado por los cristianos orientales de la Iglesia primitiva o del medioevo; es que la historia parece ser cada vez más una tabula rasa donde se pueden dibujar nuestras tolerantes prácticas actuales…

 

Desde la Grecia antigua a los apóstoles afeminados, todo vale y, si nos descuidamos, cualquiera de estos días se nos va a decir que hasta hubo un Torquemada gay.

 

Con el fin de responder a estos interrogantes, resumamos aquí el tema para, Que no te la cuenten…

 

A fin de confundir a la opinión pública, hace años que diversos grupos de presión emparentados con el zoo LTBG vienen insistiendo con que, en la Edad Media o en el cristianismo primitivo, no sólo se toleraban las relaciones sodomíticas, sino que hasta tenían un rito propio. Desde ver en Cristo a alguien que salió del closet hasta tratar de usar el libro del beato Elredo de Rieval (“Sobre la amistad espiritual”) como un manual pro-homosexual, todo se ha intentado…

 

Hace un par de décadas nomás tomó notoriedad un librito de John Boswell, catedrático de la Universidad de Yaley “homosexual cristiano” en el que se planteaba la tesis de que los matrimonios homosexuales habían sido moneda corriente en los tiempos pretéritos de la Iglesia. Según Boswell, docenas de registros ceremoniales permitirían ver cómo dos hombres podían unirse en matrimonio conforme a rituales homo. Las principales obras del autor, citadas hasta el cansancio por los propagandistas gomorrianos son: “Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad: Personas Gay en Europa occidental desde el comienzo de la era cristiana hasta el siglo XIV” y (la más famosa)“Uniones del mismo sexo en la Europa pre-moderna”, publicada el mismo año en que Boswell murió de SIDA, a los 42 años, en 1994.

 

La palabra clave en esta última obra es adelphopoiesis o adelfopoiesis[1].

 

Pero ¿de qué se trataba todo esto?

 

El término adelfopoiesis (literalmente “hacer hermanos”) proviene del griego “adelphós”, hermano o pariente (según el griego bíblico) y “poieo”, hacer.

 

El ritual al que alude el autor, conocido también como ordo ad fratres faciendum (orden para la creación de hermanos) se trataba de una ceremonia por la que se unían dos personas del mismo sexo en un vínculo de camaradería. Se trataba de un ritual por el cual se le daba un valor sagrado ante Dios a una amistad de dos personas que no tenían vínculo de sangre, por el cual se hacían hermanos en lo espiritual, pero nada tenía que ver con uniones homosexuales. Según los manuscritos bizantinos de los siglos IX a XV, se llamaba específicamente “hermanos espirituales” (pneumatikous adelphous) a los amigos, haciéndose referencia explícita de las amistades de los santos, como San Sergio y San Baco, entre otros[2].

 

El planteo de Boswell, no pasó desapercibido para diversos autores. Así por ejemplo, el erudito sacerdote ortodoxo ruso Pavel Florensky, asesinado a causa de su Fe por el comunismo soviético, ofrece una autorizada descripción de la adelfopoiesis en su monumental libro titulado “Columna y fundamento de la verdad: un ensayo sobre la teodicea ortodoxa en doce letras”(puede verse el índice del libro aquí) donde incluye una bibliografía especializada sobre el tema.

 

Planteaba allí que la adelfopoiesis expresaba simplemente,

 

“una comunidad molecular [en lugar de un individualismo atomista], un par de amigos (…) que reflejan las palabras de Cristo que ‘cuando dos o más se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ustedes’”[3].

 

Florensky en su exégesis teológica del rito describía el carácter caritativo de la adelfopoiesis según el agápe cristiano en contraposición al eros (amor sexual, erótico).

 

Otro reconocida autoridad en la materia, Patrick Viscuso, abogado sacerdote y canónigo de la Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Sur y Norte América, en Chantilly (Virginia) dice que Boswell:

 

– Comete un grave error al igualar el matrimonio con la adelphopoieisis pues, mientras que para el primero existían –como siempre- impedimentos de parentesco regulación respecto de la separación, para el segundo no.

 

– Cita el Typikon de Juan I Tzimisces, del siglo décimo, a quien traduce: “no se permite a cualquiera de los hermanos salir de la montaña para formar relaciones o uniones [sunteknias, adelfopoiesis] con los laicos, y en caso de que ocurra algo como esto…no pueden ir a sus hogares o desayunar con ellos”, olvidando que la palabra sunteknias significaba la “relación espiritual” que se establecía entre el padrino y el de bautismo. Pero Boswell quería entender que se trataba de “homosexualidad”…, a lo que Viscuso contestaba:

 

“Escribir la historia de una institución religiosa implica conceptos y la comprensión del lenguaje en su contexto histórico y cultural. De lo contrario, se corre el riesgo de que la historia se reescribe para satisfacer las preocupaciones actuales. El intento de Boswell para demostrar que los bizantinos consideraban adelfopoiesis como una forma de matrimonio fracasa porque su investigación presenta hechos históricos y eventos fuera de contexto (…). Al perpetuar una imagen deshonesta e inexacta del pasado, sólo se confunde la discusión actual”[4].

 

Otro que criticó duramente la postura de Boswell fue el archimandrita Efrém Lash en la revista Sourozh al decir que no sólo traduce erróneamente e interpreta mal los textos, sino que su “conocimiento de la liturgia ortodoxa es inexistente”[5].

 

Robin Darling Young, profesora de Teología en la Universidad Católica de América respondió en un extenso artículo a las imposturas denunciando que el autor pro-gay acomoda la traducción del término griego “adelphós”, en un sentido sexual. En efecto, si bien hay términos griegos para amor (eros, agápe y philo) y para matrimonio (gamos), que se superponen, Boswell intenta hacer lo mismo para adelphós, aduciendo connotaciones homosexuales:

 

“Boswell en realidad cita el término hermano, utilizado para referirse a los demás cristianos en los primeros siglos de la Iglesia, para reforzar, en su caso, que la palabra era metafórica y por lo tanto probable que signifique amante, cuando en el contexto de los primeros cristianos significa simplemente perteneciente a la familia de Cristo, uno de los hijos adoptivos de Dios” (…). Boswell dedica poco esfuerzo para la presentación de las conclusiones de esa investigación, sobre todo porque está ansioso por demostrar la igualdad de derechos de las uniones homosexuales legales”.

 

Nada nuevo… Es decir, el “ya no os llamo siervos sino amigos” de Cristo, debería entenderse según esta interpretación, como “ya no os llamo siervos sino homosexuales amantes”…

 

Según Young, Boswell no sólo acomoda datos sino también descontextualiza y fuerza las interpretaciones para querer encajar al matrimonio homosexual dentro del corset cristiano.

 

Por último, Brent Shaw, profesor de Historia clásica de la Universidad de Prince Stone, también dedicó parte de su tiempo al tema, al momento en que el libro salía a la luz. En un artículo específico planteaba que las palabras griegas que Boswell traducía como “estar unidos juntos” significaban en realidad “hacerse hermanos”, “convertirse en hermanos» (genesthai adelphoi). Respecto a los rituales decía:

 

“No hay ninguna indicación en los textos mismos que expresen que éstos sean matrimonios en ningún sentido (…) ni en ningún sentido que la palabra habría significado a las personas entonces” (…). Aunque tales rituales hicieron crear vínculos de parentesco ficticios entre las partes en ellos, estos vínculos no se equivocaron o fueron confundidos con la unión del matrimonio. No se llevaron a cabo por razones eróticas o afectivas, para la formación de hogares, ni, siquiera en teoría, para la procreación de los hijos y la continuación de las líneas para el hogar”.

 

Al leer las falacias mil veces planteadas y mil veces refutadas, a uno se le viene a la cabeza una y otra vez el reproche que Nuestro Señor le hace a sus discípulos (cfr. Lc 16,8) cuando manda aprender de los hijos de las tinieblas pues, en sus asuntos, son más prudentes (y tenaces, agregamos nosotros) que los hijos de la luz.

 

A seguir trabajando nomás, porque sólo la verdad libera.

 

P. Javier Olivera Ravasi

 

29/7/2017

 

[1] Utilizaremos indistintamente la nomenclatura.

 

[2] Según Boswell, los santos Sergio y Baco eran mencionados como Eρασταί (erastai), es decir, “amantes”. Este es el plural de erastes, que se refiere a un hombre mayor en una relación pederástica. El problema es que Boswell no cita del pasaje original griego pues, no se encuentra allí el término. Ver la Analecta Bollandiana (Indiana UniversityPress) a partir de la página 373 (se puede acceder al texto griego original de la Passio Antiquior SS. Sergii et Bacchi para comprobarlo).

 

[3] Véase principalmente pp. 349-402 de su obra.

 

[4] https://www.pravoslavie.ru/english/print86908.htm

 

[5] Archimandrite Ephrem, «Review of Same-Sex Unions in Pre modern Europe«, Sourozh, no. 59 (Feb. 1995): 50–55.

 

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Por: P. Miguel A. Fuentes

 

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Consulta:

Hola Padre, mi nombre es A.B. Soy de Buenos Aires. Le cuento que empecé a hacer una suplencia en un colegio regenteado por religiosos (no menciono por prudencia la Congregación). Allí una profesora le está enseñando a los alumnos la ideología de género y ha llevado, para eso, miembros de la LGTT (lesbianas, gays, travestis y transexuales), enseñando a sus alumnos que lo sexual es cuestión de construcción y elección. Al hablar con las autoridades, planteándoles la incompatibilidad de estas doctrinas con la confesión católica del Colegio, me respondieron que dentro de la Iglesia hay otras posturas y no solo la que yo planteo, y que en la misma Iglesia conviven y compatibilizan esta postura de la de identidad como construcción con otras más tradicionales. Por esto, me gustaría que me dijera si esto es así, lo cual creo que no, pero también me gustaría tener fuentes como para demostrarlo en la misma Institución. Muchas gracias.

 

Estimada A. B.:

 

De ninguna manera hay en la Iglesia diversas posturas sobre este tema. Lo que puede ser es que haya personas, incluso pastores, que sostengan errores. Esto es inevitable, y es lo que explica todas las herejías que ha habido a lo largo de la historia de la Iglesia.

 

El Papa Francisco se ha referido a este tema en la Exhortación “Amoris laetitia” n. 56, donde puedes leer lo siguiente:

 

“Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo» [Relación final del Sinodo 2015, 8]. Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños. No hay que ignorar que «el sexo biológico (sex) y el papel sociocultural del sexo (gender), se pueden distinguir pero no separar» [ibid, 58]. Por otra parte, «la revolución biotecnológica en el campo de la procreación humana ha introducido la posibilidad de manipular el acto generativo, convirtiéndolo en independiente de la relación sexual entre hombre y mujer. De este modo, la vida humana, así como la paternidad y la maternidad, se han convertido en realidades componibles y descomponibles, sujetas principalmente a los deseos de los individuos o de las parejas» [ibid. 33]. Una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada”.

 

También te transcribo un párrafo de la conferencia del año 2009 del Cardenal Ennio Antonelli, presidente (en ese momento) del Consejo Pontificio para la Familia, dada a los nuevos obispos (los nombrados por el Papa, el año anterior a esta conferencia) sobre “El obispo y la pastoral familiar”. Dice así en el párrafo dedicado al tema de “La teoría de género”:

 

«El desafío más peligroso viene de la ideología de género, nacida en los ambientes feministas y homosexuales anglosajones y ya difusa ampliamente en el mundo. Según dicha teoría, el sexo biológico no tiene ninguna importancia; no tiene mayor significado que el color de cabello. Lo que cuenta es el género, o sea la orientación sexual que cada uno elige libremente y construye según los propios impulsos, tendencias, deseos y preferencias. Se ha hecho célebre la frase de Simone de Beauvoir: “On ne naît pas femme; on le devient” (No se nace mujer se hace). Frase acuñada sobre el vestigio de una afirmación de Erasmo di Rotterdam a propósito de la educación de los niños “Homines non nascuntur, sed effinguntur”. El ser humano es, pues, no una realidad natural, sino cultural (constructivismo).

 

El valor supremo a tutelar es la libertad de elección. Cada uno debe tener la posibilidad de construir la orientación sexual propia y eventualmente cambiarla durante su vida. Mientras los sexos biológicos son dos solamente, las categorías de comportamiento sexual son numerosas: heterosexual masculina, heterosexual femenina, homosexual, lésbico, bisexual, transexual, travesti, voyeurismo, otras formas indiferenciadas y flexibles. Todas las prácticas son respetables y de legitimidad social. En el pasado la diferencia natural de los dos sexos servía para afirmar y mantener la supremacía y el dominio masculino en muchos ambientes: economía, instrucción, arte, filosofía, religión, política, convivencia civil. Según la concepción naturalista (véase por ejemplo Aristóteles) el hombre nace para ser activo en la producción, para trabajar fuera de casa, para operar en la sociedad, para dirigir; en cambio la mujer nace para ser pasiva en la producción, acoger la vida y cuidarla, educar a los hijos, trabajar en casa, obedecer. El naturalismo debe ser sustituido por el constructivismo, el valor falso del sexo por el valor del gender. Se necesita renovar la mentalidad y el modo de vivir, cambiando las normas sociales que rigen la sexualidad.

 

En nombre de la libertad de elección, de la igualdad y de la lucha contra la discriminación vienen reivindicados los llamados “nuevos derechos humanos” y en particular los “derechos sexuales y reproductivos”. Vuelven en esta categoría: la legitimación jurídica de las varias formas de convivencia, la familia en todas sus formas, el derecho al ejercicio estéril de la sexualidad (solución a la explosión demográfica), el matrimonio gay, la anticoncepción, la libertad de abortar, la libertad para todos de adoptar niños, la libertad de procrear artificialmente, la represión de la homofobia, la promoción de la libertad sexual de los adolescentes aún en contra de la voluntad de sus padres.

 

A las instancias políticas de los varios niveles se les pide de gobernar según la perspectiva de género. Desgraciadamente estas peticiones encuentran una escucha creciente: ONG, Agencias de la ONU para la población, salud y educación, conferencias del Cairo (1994) y de Pekín (1995), Parlamento Europeo de Estrasburgo. Hasta ONG de inspiración cristiana y asociaciones caritativas católicas se dejan tentar de palabras sacrosantas como dignidad, misericordia, respeto a la libertad, lucha contra la discriminación y la marginación».

 

El texto completo lo puedes encontrar en la página del Vaticano.

 

La doctrina católica sobre cada una de estas problemáticas (homosexualidad, lesbianismo, transexualidad….) es la que encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica (cf. nn. 2357-2359) y en los demás documentos magisteriales. Si alguien enseña lo contrario, simplemente enseña contra la Doctrina Católica, aunque se proclame católico, lo cual pasa a ser pura palabrería, sin ningún valor efectivo, porque lo que hace que alguien sea católico es que comparta la fe de la Iglesia, además de estar válidamente bautizado en ella; no el mero autoproclamarse.

 

En Cristo y María.

Con mi bendición.

P. Miguel A. Fuentes, IVE.

 

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16 de setiembre de 2021 - 3:52 PM

Redacción ACI Prensa

 

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El Papa Emérito Benedicto XVI ha señalado que la legalización del matrimonio de personas del mismo sexo en muchos países es “una distorsión de la conciencia” que también ha afectado a algunos en círculos católicos.

 

En la introducción de un nuevo libro que reúne sus escritos sobre Europa, Benedicto XVI resalta que “con la legalización del ‘matrimonio del mismo sexo’ en 16 países europeos, el asunto del matrimonio y la familia ha tomado una nueva dimensión que no puede ignorarse".

 

“Presenciamos una distorsión de la conciencia que evidentemente ha penetrado profundamente en sectores de personas católicas”, escribe el Papa Emérito.

“Esto no puede responderse con un poco de moralismo o incluso con algunas referencias exegéticas. Este problema es más profundo y por lo tanto debe ser respondido en sus términos fundamentales”, precisa Benedicto XVI.

 

La introducción, publicada en el diario Il Foglio este 16 de septiembre, pertenece al libro en italiano “La verdadera Europa: Identidad y misión”.

 

El Papa Francisco escribió el prefacio del libro, que reúne diversos escritos de Benedicto XVI.

 

En el prefacio, Francisco escribe que “más allá de muchas palabras o de proclamaciones altisonantes, hoy en Europa la sola idea del respeto por la vida humana se pierde cada vez más, comenzando por la pérdida de conciencia de su sacralidad, es decir, precisamente comenzando desde la ofuscación de la conciencia de que somos criaturas de Dios”.

 

“Benedicto XVI no tiene miedo de denunciar, durante años, con gran valor y previsión, las muchas manifestaciones de esta renuncia dramática de la idea de creación, hasta las actuales y finales consecuencias, descritas de una forma totalmente clara y convincente en el texto introductorio”, indica el Papa Francisco.

 

En su introducción, Benedicto XVI afirma que es importante observar que el concepto de “matrimonio del mismo sexo” es “una contradicción con todas las culturas de la humanidad que han seguido hasta ahora, y esto significa una revolución cultural que es opuesta a toda la tradición de la humanidad hasta hoy”.

 

El Papa Emérito resalta que no hay duda de que las distintas culturas tienen diversas concepciones morales y jurídicas sobre el matrimonio y la familia, como las profundas diferencias entre monogamia y poligamia.

 

Sin embargo, enfatiza que la comunidad básica nunca ha cuestionado el hecho de que la existencia del ser humano en sus formas masculina y femenina está ordenada a la procreación, “así como el hecho que la comunidad de hombre y mujer y la apertura a la transmisión de la vida determinan la esencia de lo que se llama matrimonio”.

 

“La certeza básica de que la humanidad existe como masculina y femenina, y que la transmisión de la vida sirve a esta tarea y que, en esta, más allá de todas las diferencias, en esto consiste esencialmente el matrimonio, es una certeza original que ha sido obvia para la humanidad hasta ahora”, escribe Benedicto XVI.

 

El Papa Emérito indica que lo que socava fundamentalmente esta idea se introdujo con la invención de la píldora anticonceptiva y la posibilidad que abrió de separar la fertilidad de la sexualidad.

 

“Esta separación significa, de hecho, que de esta manera todas las formas de sexualidad son equivalentes. Ya no existe un criterio fundamental”, resalta.

Según Benedicto XVI, este nuevo mensaje transformó profundamente las conciencias de hombres y mujeres, primero lentamente pero ahora de forma más clara.

 

Desde la separación de sexualidad de la fertilidad, continúa, llega lo contrario: “La fertilidad, naturalmente, puede pensarse incluso sin sexualidad”.

 

El Papa Emérito destaca que en ese panorama parece correcto ya no confiar más la procreación de seres humanos a la “pasión ocasional de la carne, sino a un plan y producción de humanos racionalmente”.

 

De ese modo, el ser humano ya no es “concebido ni generado sino hecho”, subraya el Pontífice Emérito, lo que significa que una persona humana ya no es un don a ser acogido sino “un producto planificado por nuestro quehacer”.

 

En ese sentido, Benedicto XVI indica que si se puede planear hacer vida, también es verdad que se puede planear destruirla, alertando que el creciente apoyo al suicidio asistido y la eutanasia parece ser un “fin planeado para acabar con la vida de alguien como parte integral de la tendencia descrita”.

 

Entonces, el asunto del matrimonio del mismo sexo no se refiere a ser “un poco más de mente abierta. En realidad, surge una pregunta básica: ¿quién es el hombre? Y con ella surge la pregunta sobre si hay un Creador o si somos todos simplemente productos manufacturados”.

 

“Aparece esta alternativa: el hombre es una criatura de Dios, a su imagen y semejanza y un don de Dios, o el hombre es un producto que él mismo sabe cómo crear”, escribe el Papa Emérito.

 

Benedicto XVI también señala que el movimiento ecológico ha establecido que hay límites en la naturaleza que no se pueden ignorar y, del mismo modo, la persona humana posee una naturaleza que se le ha dado “y la violación o negación de esta puede llevar a la autodestrucción”.

 

“Ese es también el caso con la creación del hombre como masculino y femenino, que es ignorada con la hipótesis del ‘matrimonio del mismo sexo’”, subraya.

Traducido y adaptado por Walter Sánchez Silva. Publicado originalmente enCNA

 

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Por supuesto condeno el odio, la violencia y la discriminación contra las personas LGTBI, que han de ser tratadas con respeto y delicadeza, como cualquier otra persona, pero por supuesto no puedo estar de acuerdo con lo que la Ideología de Género y el Orgullo LGTBI defienden.

 

Por: Pedro Trevijano Etcheverria

 

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Este 3 de Junio el Ayuntamiento de mi ciudad de Logroño ha aprobado por unanimidad de todos los Partidos políticos representados en él, es decir PSOE, PP, Podemos, Ciudadanos y Partido Riojano, una DECLARACIÓN INSTITUCIONAL DEL AYUNTAMIENTO DE LOGROÑO CON MOTIVO DEL DÍA INTERNACIONAL DEL ORGULLO LGTBI 2021.

 

Como ciudadano y católico logroñés me duele ver a mi Ayuntamiento haciendo el ridículo ensalzando la Ideología de Género y el Orgullo LGTBI, cuyo objetivo parece ser, como dice el acertado título del libro de Alicia Rubio: «Cuando nos prohibieron ser mujeres… y os persiguieron por ser hombres», constituyendo además una muy seria amenaza para el deporte femenino, aparte de ser incompatible con la doctrina cristiana.

 

Por supuesto condeno el odio, la violencia y la discriminación contra las personas LGTBI, que han de ser tratadas con respeto y delicadeza, como cualquier otra persona, pero por supuesto no puedo estar de acuerdo con lo que la Ideología de Género y el Orgullo LGTBI defienden. Como dice el Concilio Vaticano II el aborto no es un derecho, sino un crimen abominable (cf. GS nº 51), la eutanasia una práctica infame (cf. GS nº 27), la educación sexual ha de realizarse de una manera positiva y prudente, donde por supuesto no todo vale y mucho menos la corrupción de menores, la fornicación, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica «es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana» (nº 2353).

 

Desde luego no considero, al contrario que mi Ayuntamiento en su Declaración Institucional que la aprobación del matrimonio igualitario en España, realizada hace ya dieciséis años, sea un hecho histórico de gran simbolismo y menos por supuesto positivo. Más bien, pienso como San Pablo en su Carta a los Romanos 1,18-32 y corrobora el Catecismo de la Iglesia Católica «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados» (nº 2357). Por su parte el cardenal Bergoglio, hoy Papa Francisco, en carta del 20 de Junio del 2010, se opone a la consideración de la unión homosexual como matrimonio, porque está en juego la identidad y la supervivencia de la familia, así como la vida de tantos niños que serán discriminados de antemano privándolos de la maduración humana que Dios quiso se diera con un padre y una madre. Ello además supone un rechazo frontal a la ley de Dios, grabada en nuestros corazones. Incluso afirma: «No seamos ingenuos; no se trata de una simple lucha política, es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento) sino de una ´´movida´´ del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios». Es decir lo que se persigue con ello es la destrucción del matrimonio y la familia, para dejar a las personas, y especialmente a los niños, sin puntos de referencia y, por tanto, más fácilmente manipulables.

 

Supongo que habrá concejales que se consideren católicos: ¿es que no se dan cuenta de la burrada a la que han dado su voto a favor y que como dice el libro de Hechos: «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres»? (5,29).

 

Esta situación se origina porque el hombre ha abandonado a Dios y el ser humano ya no siente la necesidad de ser salvado. El hecho de negar a Dios nos conduce a la soledad y a no entender que estamos aquí para amar a Dios y a los demás, porque como dice Dios en Génesis 2,18: «no es bueno que el hombre esté solo». Cuando se vuelve la espalda a Dios el bien y el mal ya no existen porque el relativismo ha arrasado con todo y así sucede que el bien es el mal y el mal el bien, como sucede con el aborto. Pero Dios se ha hecho hombre para dar sentido a nuestra libertad y enseñarnos el camino hacia la felicidad eterna.

 

Pedro Trevijano, sacerdote

 

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Les ofrecemos la entrevista que el Arzobispo de San Francisco Salvatore Cordileone ofreció al periódico estadounidense USA Today, con motivo de que la Corte Suprema de los EUA,

próximamente revisará el fallo que dejó sin efecto la Proposición 8 de California, donde los votantes de ese Estado decidieron mantener el matrimonio como una relación sólo entre un hombre y una mujer.

¿Cuál es la principal amenaza en permitir que gays y lesbianas se casen?

La mejor pregunta es ¿Cuál es el principal bien en proteger el concepto público de que para constituir un matrimonio necesitas un esposo y una esposa?

 

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