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Por: Jesús Urones



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En la actualidad con la gran fuerza que ha adquirido el feminismo se ha puesto de moda que algunos defensores de esta ideología usen la Biblia para enseñar que se trata de un texto misógino, concretamente las citas que más gustan usar son las del apóstol San Pablo. En resumen, dentro de los círculos feministas, San Pablo es visto como el machista por antonomasia, un gran misógino, esto se convierte en un gran argumento para evitar creer en sus escritos y por tanto en la Biblia. ¿ cómo podemos responder a esta acusación? En este artículo vamos a dar respuesta a todas estas acusaciones, enseñando como tanto la Escritura como el propio San Pablo tenían en alta estima a la mujer, y claro esta, la propia Iglesia Católica, será quien más ha trabajado y predicado a favor de la mujer, solo esta Iglesia es la que ha puesta por encima de todos los santos a la Virgen María, por encima de ella “Solo Dios”.

 

¿Cómo se han de entender los textos de 1Cor 14,34 y 1Tim 2:11-12?



En primer lugar pasemos a citar los textos conflictivos para luego analizarlos:

vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. 1Cor 14,34



11 La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción.12 Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. 1Tim 2,11-12



Pasemos a intentar explicar estos textos:



Uno no debe malinterpretar a San Pablo en 1 Timoteo 2: 11-12, los versículos que típicamente despiertan la mayor preocupación en el pasaje más amplio de 1 Timoteo 2: 8-15. Como líder de la Iglesia primitiva, Pablo no está prohibiendo categóricamente a las mujeres en el ministerio de la enseñanza. Les está prohibiendo específicamente el ministerio de enseñanza y gobierno reservado exclusivamente al clero ordenado (ver 1 Corintios 14: 34-35). Eso significaría, por ejemplo, como ocurre en la actualidad, que las mujeres no pueden dar homilías en la Misa, una función de enseñanza reservada a los sacerdotes y diáconos.



San Pablo afirma claramente en otros lugares la igual dignidad del hombre y la mujer en Cristo (ver Gálatas 3:28), así como el hecho de que las mujeres pueden orar y profetizar de otra manera dentro del culto cristiano (ver 1 Corintios 11:25). Pablo agrega que las mujeres brindan un servicio importante al enseñar la fe de palabra y obra en otros contextos (ver Tito 2: 3-4).



Según el Código de Derecho Canónico:

Canon 767 §1. Entre las formas de predicación, destaca la homilía , que forma parte de la liturgia misma y está reservada al sacerdote o diácono ; en la homilía, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana deben explicarse a partir del texto sagrado durante el curso del año litúrgico.



La Iglesia ha considerado oportuno que determinadas funciones oficiales de enseñanza, como la homilía, se reserven a quienes han recibido el sacramento del orden sagrado. En la liturgia, la homilía cuenta como uno de estos. Fuera de la liturgia, los actos del Magisterio también pertenecen a esta categoría, ya que solo los obispos pueden ejercer el Magisterio de la Iglesia.



Las mujeres pueden hoy enseñar en otras funciones en la Iglesia. Pueden ser cualquier cosa, desde profesores de religión hasta profesores de teología pasando por catequistas, delegadas de pastoral etc.



E incluso en el primer siglo, las mujeres, incluidas las mujeres que Pablo conocía, podían enseñar en capacidades no litúrgicas y no magisteriales. Por ejemplo, Priscilla ayudó a darle al evangelista Apolos instrucción privada sobre el verdadero papel de Jesús (Hechos 18:26). De hecho, Priscilla parece haber tomado el papel protagónico, ya que en el pasaje se la menciona ante su esposo, Aquilla.



En resumidas cuentas: San Pablo lo que esta diciendo es que la mujer no puede adquirir las funciones que le corresponden a los hombres ordenados, es decir al clero.

¿San Pablo y la Biblia enseñan que las Mujeres si nos pueden instruir?



Voy a comenzar con San Pablo, demostrando como él claramente permitió la enseñanza de Mujeres en varios textos:



3 Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; 4 que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, 5 a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

Tito 2,3-5



En este texto San Pablo nos dice como las mujeres mayores pueden enseñar a las jovenes muchas cosas:



1-Como amar a sus esposos y a sus hijos o sea ejercitarse en la Caridad.



2.-Sobre las virtudes de: prudencia, castidad, diligencia, obediencia



Es decir, que San Pablo no se oponía a la enseñanza de las mujeres al contrario recomendaba que las que más experiencia tenían aconsejaran y enseñaran a las jovenes, ¿acaso no es esto una especie de catequesis?



24 Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras.

25 Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan.

26 Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.

Hechos 18,24-26



Priscila y Aquila eran matrimonio y colaboradores de Pablo (Rom 16,3) sin embargo en este texto se nos dice como enseñaron la fe a Apolos un judío de Alejandría. Y curiosamente la que tomo la iniciativa ya que es la que primero mencionan fue Priscila mujer de Aquila.



¿Por qué permitió San Pablo enseñar a Priscila la fe si el era misógino? Esta pregunta no podría ser contestada por los feministas, evidentemente de ser misógino habría impedido que Priscila enseñara, pero el no lo era, dejaba que las mujeres se dedicaran a catequizar a los nuevos cristianos.

15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 2 tim 3,15

Este texto donde San Pablo le recuerda a Timoteo que aprendió las Sagradas Escrituras desde la niñez, es muy importante aunque no lo parezca. ¿Quién transmitió y enseño la fe a Timoteo futuro obispo y discípulo de San Pablo? Dejemos las mismas Escrituras nos lo enseñen:



5 trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. 2Tim 1,5



Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego; Hechos 16,1



Entre los maestros de la fe de Timoteo hay que contar a su madre Eunice y a su abuela, su padre no le pudo enseñar la fe ya que era griego, pero si su madre creyente judía. Gracias a ellas aprendió las Escrituras y la fe judía. Luego aquí tenemos otro caso donde San Pablo reconoce que las mujeres si pueden enseñar la fe a sus hijos.



Finalmente, ya fuera de los textos paulinos encontramos otro texto bíblico donde vemos como las mujeres predican en este caso la buena nueva de la resurrección de Cristo:



Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.



6 No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.

7 E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.

8 Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos,

9 he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: !!Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.

10 Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.

Mateo 28,5-10



Como puede ver, hay una orden divina dada a las santas mujeres de correr hacia los discípulos y contarles las buenas nuevas (o, en griego, el evangelio ). Las mujeres fueron las primeras evangelizadoras, llevaron el mensaje de la resurrección a los discípulos.

¿Qué ha dicho la Iglesia sobre este tema?



En este caso si tenemos una interpretación clara de estos textos bíblicos por parte del Magisterio de la Iglesia, e incluso en alguna audiencia papal se han explicado y comentado, reforzando asi todo lo explicado hasta aquí:



Otra objeción viene del carácter caduco que se cree descubrir hoy en algunas de las prescripciones de San Pablo referentes a las mujeres, y de las dificultades que suscitan a este respecto ciertos aspectos de su doctrina. Pero hay que notar que esas prescripciones, probablemente inspiradas en las costumbres del tiempo, no se refieren sino a prácticas de orden disciplinar de poca importancia, como por ejemplo a la obligación por parte de la mujer de llevar un velo en la cabeza (cfr. 1 Cor. 11, 2-16); tales exigencias ya no tienen valor normativo. No obstante, la prohibición impuesta por el Apóstol a las mujeres de « hablar » en la asamblea (cfr. 1 Cor. 14, 34-35; 1 Tim. 2, 12) es de otro tipo. Los exegetas, sin embargo, precisan así el sentido de la prohibición: Pablo no se opone absolutamente al derecho, que reconoce por lo demás a las mujeres, de profetizar en la asamblea (cfr. 1 Cor. 11, 5); la prohibición se refiere únicamente a la función oficial de enseñar en la asamblea. Para San Pablo esta prohibición está ligada al plan divino de la creación (cfr. 1 Cor. 11, 17; Gen. 2, 18-24): difícilmente podría verse ahí la expresión de un dato cultural. No hay que olvidar, por lo demás, que debemos a San Pablo uno de los textos más vigorosos del Nuevo Testamento acerca de la igualdad fundamental entre el hombre y la mujer, como hijos de Dios en Cristo (cfr. Gal. 3, 28). No hay, pues, motivo para acusarle de prejuicios hostiles para con las mujeres, cuando se constata la confianza que les testimonia y la colaboración que les pide en su apostolado.. (Inter insigniores 1976 Congregacion para la doctrina de la fe)

El Apóstol admite como algo normal que en la comunidad cristiana la mujer pueda "profetizar" (1 Co 11, 5), es decir, hablar abiertamente bajo el influjo del Espíritu, a condición de que sea para la edificación de la comunidad y que se haga de modo digno. Por tanto, hay que relativizar la sucesiva y conocida exhortación: "Las mujeres cállense en las asambleas" (1 Co 14, 34).



Dejamos a los exegetas el consiguiente problema, muy discutido, sobre la relación entre la primera frase —las mujeres pueden profetizar en la asamblea—, y la otra —no pueden hablar—, es decir, la relación entre estas dos indicaciones, que aparentemente son contradictorias. No conviene discutirlo aquí. El miércoles pasado ya hablamos de Prisca o Priscila, esposa de Áquila, que en dos casos sorprendentemente es mencionada antes que su marido (cf.Hch 18, 18; Rm 16, 3); en cualquier caso, ambos son calificados explícitamente por san Pablo como sus "colaboradores" -sun-ergoús (Rm 16, 3) [Audiencia general, 14 de febrero de 2007]. (Benedicto XVI)



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Por: Richbell Meléndez

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Solemos escuchar por parte de los defensores de la homosexualidad, aún más por parte de los homosexuales que dicen ser cristianos, que la Iglesia los "persigue" cosa que es completamente falsa, la Iglesia se opone a que consientan sus actos homosexuales y los invita a vivir en castidad como lo expresa el Catecismo.

 

"Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana." (CEC 2359)

 

Si conoces a algún cristiano rebelde que dice "Soy gay y Dios me ama así" para justificar la aprobación de los actos homosexuales, invitale a leer la vida de San Pelagio, santo mártir que murió por rehusarse a consentir los deseos homosexuales de Abd al-Rahman III (También llamado Abderramán III; Córdoba, 891 - 961) Emir (912-929) y primer califa omeya de Córdoba (929-961).

 

San Pelagio, fue un niño cristiano que desde pequeño fue formado en la fe católica, consciente de la importancia de los sacerdotes en la Iglesia, cuando tenia 10 años decidió cambiar de lugar en la cárcel con su tío Hermoigio, obispo de Tuy quien había sido capturado y llevado a las cárceles del califa en Córdoba. Esto lo hizo para que el Obispo de Tuy pudiera volver para servir al pueblo de Dios que se había quedado sin pastor.

 

Durante 3 años estuvo preso Pelagio, pero sin renegar por un momento de su fe en Cristo. Aún así el califa Abd al-Rahman III quien como registra la historia practicaba la homosexualidad con jóvenes se sintió atraído por el joven Pelagio, a quien le dijo lo siguiente:

 

"Niño, te elevaré a los honores de un alto cargo, si quieres negar a Cristo y afirmar que nuestro profeta es auténtico. ¿No ves cuántos reinos tengo? Además te daré una gran cantidad de oro y plata, vestidos los mejores y adornos los precisos. Recibirás, si aceptas, el tipo que tú eligieres entre estos jovencitos, a fin de que te sirva a tu gusto, según tus principios. Y encima te ofreceré pandillas para habitar con ellas, caballos para montar, placeres para disfrutar. Por otra parte, sacaré también de la cárcel a cuantos desees, e incluso otorgaré honores inconmensurables a tus padres si tú quieres que estén en este país"

 

Pero Pelagio, fiel a su fe católica, rechazó con firmeza las propuestas del califa diciendo:

 

"Lo que prometes, emir, nada vale, y no negaré a Cristo, Soy cristiano, lo he sido y lo seré, pues todo eso tiene fin y pasa a su tiempo; en cambio, Cristo, al que adoro, no puede tener fin, ya que tampoco tiene principio alguno, dado que Él personalmente es el que con el Padre y el Espíritu Santo permanece como único Dios, el cual nos hizo de la nada y con su poder omnipotente nos conserva"

 

Pero el califa Abd al-Rahman III le continuó insistiendo, al punto de ordenar a los jovencitos de su corte que lo adularan, a ver, si, apostatando se rendía a tantas grandezas prometidas, a lo que Pelagio le respondió:

 

"Retírate, perro, ¿Es que piensas que soy como los tuyos un afeminado?"

 

El califa al no poder convencer a Pelagio que apostatara de su fe y consintiera los deseos homosexuales, ordenó "colgadlo en garruchas de hierro y, una vez constreñido hasta el máximo elevándolo hacia lo alto, bajadlo reiteradamente el tiempo necesario para que exhale su espíritu", de mismo modo ordenó que lo despedazasen con la espada, miembro a miembro, y que fuese arrojado al río. Los verdugos, por su parte, en virtud de la orden recibida, después de sacar el puñal, se entregaron frenéticamente a tan crueles escarnios contra él, que se podría pensar que ejecutaban el sacrificio que, sin ellos saberlo, era necesario que se ofreciera en presencia de nuestro Señor Jesucristo. Uno le amputó de cuajo un brazo, otro le segó las piernas, otro incluso no dejó de herir su cuello.

 

Como pueden ver en la historia de San Pelagio, un mártir cristiano que prefirió dar su vida a Cristo antes de renegar de su fe y consentir los deseos homosexuales de un musulmán pederasta y homosexual.

 

Pero ahora en pleno siglo XXI, muchos osan llamarse cristianos y defender el pecado de consentir los deseos homosexuales.

 

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Richbell Meléndez, estudiante de teología en la EATEL, colaborador asiduo de distintas páginas de apologética católica y tutor de la escuela de apologética online DASM.

 

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Pregunta:

¿Es cierto que la iglesia católica desde el principio no miró mal la práctica de la homosexualidad y que eso es algo reciente? Atte Juan

 

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