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Por: P. Vincent Serpa OP

 

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Pregunta:

La mayoría de las personas homosexuales sienten que nacieron así y no pueden cambiar su orientación. Son rechazados por la sociedad y las comunidades religiosas. ¿Cómo podemos ser más como Jesús y aceptar a los rechazados?

 

Respuesta:

Aceptar el comportamiento pecaminoso de otras personas no les hace ningún bien. Señalar la pecaminosidad no es rechazarlos: es rechazar lo que es malo. Nos debemos la verdad. El hecho de que algunas personas con atracción por personas del mismo sexo sientan que nacieron con tal inclinación no significa que sea así. No hay pruebas para tal suposición. Estas personas asumen que nacieron homosexuales porque no recuerdan haberse sentido nunca de otra manera. Lo que sí sabemos es que por alguna razón estas personas no se han identificado con el padre de su sexo. El giro predominante que nuestra cultura le da a esta dinámica es que la cultura debe adaptarse a las necesidades que estas personas perciben que tienen: vivir como si el comportamiento que tales sentimientos sugieren fuera bueno y debería ser la norma para ellos.

 

Nuestra cultura insiste en que todos tienen derecho a la gratificación sexual. No importa el contexto; deja que el placer sea la guía.

 

La mayor falacia en tal proposición es que si alguien sugiere lo contrario, está juzgando y rechazando a esas personas directamente, como cuando preguntas cómo podemos ser más como Jesús y aceptar a los que son rechazados. Jesús nunca aceptó el comportamiento pecaminoso. Sí aceptó a los pecadores arrepentidos y siempre los amó, incluso en sus momentos más pecaminosos.

 

¿Cuál es el contexto en el que Jesús nos importa? ¿Cuál es el hecho más importante que sabemos acerca de Jesús en relación con nosotros? ¡Es Viernes Santo! El Viernes Santo no es solo el día en el que Dios reveló más sobre sí mismo que en cualquier otro momento de la historia de la creación, también es nuestro contexto como seguidores de Jesús. Es en la cruz donde Jesús nos muestra cómo vivir. Allí nos muestra lo que constituye el amor: el sacrificio. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Marcos 8:34).

 

Que Dios amaría a sus criaturas lo suficiente como para convertirse en una de ellas y luego sufrir y morir por ellas está más allá de nuestra capacidad de comprender plenamente. Sin embargo, en la medida en que podamos apreciar lo que es sufrir, podremos apreciar ese amor. A cada uno de nosotros se le da la oportunidad de ganar tal aprecio a través de las cruces que él nos permite tener. Muchos cruces diferentes impiden que las personas se involucren en la vida matrimonial normal y, por lo tanto, en el placer genital. La homosexualidad es solo uno de ellos. Solo cuando miramos nuestra situación humana en su contexto adecuado, el contexto del Viernes Santo, podemos reconocer nuestro lugar en él. Solo aceptando la cruz de la atracción por el mismo sexo y ofreciéndola en respuesta a su auto-donación, esa persona conocerá el abrazo total de sus manos llenas de cicatrices de uñas.

 

Es cuando aceptamos la cruz en nuestras vidas y alentamos a otros a llevar la suya que nos parecemos más a Jesús, ¡no cuando diluimos sus expectativas de nosotros!

 

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 Martin Zavala
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