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Por: Henry Vargas Holguín

 

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La caridad empieza por casa

 

La homosexualidad no es ni una virtud ni un logro. La orientación homosexual es una circunstancia de la persona difícil de explicar. No sabemos por qué algunas personas tienen estas tendencias homosexuales, pero sí sabemos que siempre hubo, hay y habrá personas con estas tendencias.

 

En cada persona las causas son diferentes. No hay unanimidad, pues, entre los expertos sobre la causa. ¿Será una compleja fusión de factores hormonales, cromosómicos o genéticos, químicos, biológicos, ambientales, carencias en el periodo temprano del desarrollo psicosexual? ¿Alguno de estos factores será más preponderante e influirá en los demás?

 

No existe ningún consenso científico sobre los orígenes de la atracción por el mismo sexo. Para algunos no se nace con la tendencia homosexual y para otros sí.

Tampoco hay evidencia alguna de que esos sentimientos, si no son deseados, sean irreversibles.

 

Hay que ser conscientes de que hasta el momento en que, voluntaria o forzosamente, sale a la luz la tendencia homosexual de alguien, es probable que dicha persona haya tenido un itinerario difícil, largo y solitario. Itinerario que después continúa, en unos casos en medio de afrentas y desprecios, en otros casos en medio de vergüenzas y culpas que lo hacen aún más doloroso. Y se dobla el sufrimiento de la persona.

 

Por tanto –comenzando por la familia- hay que ser con estas personas muy amables y comprensivos.

 

Los padres de familia deben recordar o tener presente que los hijos con estas tendencias homosexuales suelen desear más que nada en este mundo el cariño y la aceptación de sus padres, cualesquiera que sean las circunstancias.

 

El hijo debe tener, independientemente de sus tendencias y actos, siempre un lugar en el corazón de sus padres y estos, al plantearse esta cuestión -y siempre- deben buscar su bien, junto al del conjunto de la familia. 

 

¿Que venga a casa de sus padres con su pareja, le beneficiará, en su integridad? ¿Podría perjudicar esto al resto de la familia?, pueden preguntarse los padres.

 

Por tanto si un(a) hijo(a) quiere ir a casa con su pareja homosexual, pues en principio se le debe acoger, aunque habría que tener en cuenta factores como su edad, la «solidez» de la relación con esa pareja, la posible presencia de otros hermanos pequeños en casa a los que podría afectar ver a su hermano en casa con un novio de su mismo sexo,…

 

La caridad empieza por casa. Y para entender qué es la caridad hay que leer el capítulo 13 de la primera carta del Apóstol san Pablo a los corintios («si no tengo amor, no soy nada…»).

 

Todas las personas, por el solo hecho de serlo, gozan de una dignidad: la dignidad humana. Las personas con tendencias homosexuales son personas tan dignas como las que no lo son. Comprensión, ayuda, acogida y caridad hay que tenerlas con todas las personas indiferentemente de su tendencia sexual.

 

Acoger a las personas con estas tendencias tiene que ser lo más obvio para las familias cristianas y en consecuencia para la Iglesia.

 

Para los padres de una persona con tendencia homosexual el consejo es: aceptarle y amarle tal como es. Hacerlo lo mejor que se pueda y ponerla en manos de Dios.

 

Tenemos que estar lejos de una actitud de rechazo o de discriminación. La inclinación homosexual, “objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta”, dice el Catecismo de la Iglesia católica (2358).

 

Ahora hay que decir que la acogida de las personas con tendencias homosexuales no implica una valoración positiva de dichas tendencias.

 

ste es el motivo por el que el Magisterio no habla de «homosexuales», sino de «personas» con tendencias homosexuales, distinguiendo entre persona y tendencias. Es una distinción importante, explicada en los documentos.

 

El Magisterio de la Iglesia nunca ha rechazado ni nunca rechazará a las personas con estas tendencias homosexuales, por el simple hecho de tener dicha tendencia.

 

Es más, hay muchas de estas personas que trabajan en la pastoral, son personas de fe, están unidas a la Iglesia. Todos tenemos la misma identidad fundamental: el ser criaturas y, por gracia, hijos de Dios, herederos de la vida eterna.

 

Estas personas no dejan de ser hijos de Dios, no dejan de ser personas que puedan recibir los sacramentos, siempre y cuando estén en gracia de Dios. Como cualquier otra persona de otra tendencia sexual. ¿Imposible esto? No. ¿Difícil? Tal vez sí, pero esto es ya otra historia.

 

“Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior…, la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana” (Catecismo, 2359).

 

La homosexualidad es una circunstancia personal, pero como tendencia no es pecado en sí misma, a no ser que se ejerza. Si se ejerce sí ofende a Dios.

 

Es obvio que hay que acoger a las personas con estas tendencias, pero esto no significa aceptar algunas realidades inherentes; es decir, no se puede confundir la acogida con la aceptación de otras realidades que giran en torno de la condición homosexual.

 

En este sentido, tampoco se debe permitir que la casa de familia se convierta para la pareja homosexual en un refugio amoroso. El hogar paternal debe ser respetado.

 

Lo que no se aceptan son, entre otras cosas, el mal llamado ‘matrimonio’ gay, que estas parejas puedan adoptar niños y pretendan imponer un nuevo tipo de familia,… no es aceptable la sexualidad antinatura.

 

“La Tradición ha declarado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso” (Catecismo, 2357).

 

Lastimosamente se confunde el rechazo al pecado, con el rechazo a la persona. Como se dice por ahí: “Hay que rechazar el pecado mas no al pecador”.

 

El pecado se rechaza en cualquier persona indiferentemente de su orientación sexual, pero no se rechaza a la persona en sí misma. ¿Difícil de entender? No creo.

 

Hay que denunciar el pecado allá donde esté, allá como esté. Jesús no vino a condenar sino a salvar. Él comía con los que necesitaban de él. “Al verlo los fariseos decían a los discípulos: ¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores? Mas Él, al oírlo, dijo: No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mt. 9, 11-13).

 

O como dice san Pablo: “En efecto, siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible…. Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio. Y todo esto lo hago por el evangelio para ser partícipe del mismo. (1 Cor 9, 19-23).

 

Uno no debe juzgar a nadie y mucho menos condenar, aunque a la vez un padre o una madre debe sopesar la responsabilidad que tiene sobre su hogar.

 

Toda persona es digna de aprecio, respeto y acogida. Es cada persona quien se debe confrontar ante la santa presencia de Dios.

 

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19 de abril de 2022 - 9:20 AM | ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN 19 de abril de 2022 10:06 am

POR ANDREA GAGLIARDUCCI | ACI Prensa

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El Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, habló de los retos a los que debe afrontar desde la Santa Sede, como son los relacionados con la ideología de género, un tema en el que muchas veces “no es escuchada”.

 

Este martes 19 de abril, ACI Stampa –agencia en italiano del Grupo ACI–, publicó la última parte de la entrevista a la autoridad vaticana, quien aseguró que la línea diplomática de la Santa Sede no ha sufrido grandes cambios durante los últimos pontificados, sino que ha habido “una continuidad”, aunque “cada Papa ha respondido a las necesidades de su tiempo”. 

 

En cuanto a los retos diplomáticos a los que se enfrenta el Vaticano, como es el ejemplo de las guerras o aquellos relacionados con la ideología de género, el Cardenal aseguró que la Santa Sede “intenta tener una visión que abarque todos los temas de actualidad”. 

 

Ideología de género 

 

El Cardenal transmitió la preocupación de la Santa Sede ante los nuevos “derechos de género” impulsados desde organizaciones internacionales, y aseguró que “traen consigo una nueva visión antropológica que se aleja significativamente, por no decir sustancialmente, de la visión de la propuesta cristiana”.  

 

“Esta nueva antropología priva a la persona de sus tres dimensiones de relación: consigo misma, relación con Dios y relación con los demás”, dijo el Purpurado.

 

La ideología de género es una corriente que considera que el sexo no es una realidad biológica sino una construcción sociocultural, algo que distintos gobiernos intentan imponer a través de la educación de los niños y jóvenes. 

 

El Cardenal Pietro Parolin señaló que la Santa Sede concibe estos retos como un riesgo que amenaza con “destruir la dignidad del ser humano” y defendió que “debemos reconocer que existen estos intentos continuos de ‘colonización ideológica’, como los llama el Papa Francisco”.

 

A continuación, el Cardenal puntualizó que no es “una lucha ideológica de la Iglesia”, sino que “se trata realmente de hablar de derechos, y de hablar de ellos con amor hacia el hombre, porque vemos las derivas que surgen de estas elecciones”. 

 

“Vemos en la sociedad un malestar general, una incapacidad para tener relaciones. Estas derivas provienen de una visión antropológica que se centra exclusivamente en los deseos personales”, señaló. 

 

En esta línea, el Cardenal Parolin aseguró que el tema del género se incluye hoy en día en muchos documentos, incluso en algunos que no tienen nada que ver con “el género”, y lamentó que la Santa Sede no es escuchada, sino que “crea molestias”. 

 

“Pero no trabajamos contra alguien. Al contrario, miramos al ser humano. Por tanto, creo que nuestra tarea es también ser fieles al mensaje que debemos transmitir, sin desanimarnos”, dijo el Cardenal al mismo tiempo que explicó que la Santa Sede debe “plantear las cuestiones con respeto, con delicadeza, pero también con gran claridad”. 

 

“Debemos exponer nuestro punto de vista, aunque no se acepte inmediatamente, aunque no se entienda inmediatamente, aunque se rechace y se oponga”, defendió.  

 

Libertad religiosa 

 

Respecto a la radicalización del Estado y la libertad religiosa, el Cardenal señaló que existe una tendencia en algunos estados, sobre todo en Occidente, de “relegar la religión al ámbito privado”. 

 

El Cardenal habló por último de las restricciones que se tomaron durante la pandemia del coronavirus, y aseguró haber escuchado a muchos obispos “destacar aspectos discriminatorios, porque no se podían abrir ciertos locales y debían mantener las iglesias cerradas. Son opciones que no tienen en cuenta, entre otras cosas, las necesidades espirituales de las personas”. 

 

“Creo que todo el mundo reconoce que la Iglesia ha tratado de hacer su parte, no entorpeciendo la labor del gobierno, sino acompañándola, aunque con algunas críticas, demostrando ser un socio verdaderamente fiable”, concluyó el Cardenal. 

 

Traducido y adaptado por Almudena Martínez-Bordiú. Publicado originalmente por ACI Stampa



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Por: P. Miguel A. Fuentes

 

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Pregunta:

 

He recibido varias consultas. Cito tres:

 

1) Atento teólogo: Le agradezco el tiempo que se esta tomando para leer esta carta. Deseo preguntarle algo sobre vocaciones. ¿Qué hacer cuando un joven encuentra dentro de sí un deseo fuerte por llevar una vida religiosa, pero ha descubierto que le atraen físicamente las personas de su mismo sexo? Espero su respuesta. De antemano, gracias.

 

2) Soy sacerdote católico; dirijo espiritualmente a un joven que siente inclinación hacia el sacerdocio. Tiene inclinación homosexual y aunque siente tentaciones, nunca ha consentido ni ha tenido relación sexual alguna. Vive una vida cristiana seria y comprometida. Goza de capacidad intelectual y don de gente. Mi consulta es la siguiente: ¿Hay algún impedimento desde el Derecho Canónico u otra disposición de la Iglesia para que pueda ser ordenado sacerdote? ¿Cómo se le ha de orientar en su caso concreto?. Gracias

 

3) Un homosexual no practicante y que ha tomado la seria determinación de abstenerse de relaciones sexuales, como lo manda nuestra Iglesia, ¿puede dedicar su vida al celibato apostólico dentro de alguna congregación, como sacerdote o en alguna asociación de laicos? ¿O existe algún impedimento al respecto que pueda ponerlo en ocasión de pecado?

 

Respuesta:

 

Estimado:

 

Para que el llamado de Dios sea auténtico (o sea, venga efectivamente de  Dios) se requiere: idoneidad física y psíquica, idoneidad intelectual e idoneidad moral. Si lo que usted llama ‘atracción’ hacia jóvenes del mismo sexo es sólo una tentación pasajera, tal vez propia de alguna etapa evolutiva que puede presentarse en algunas personas (esto se pone de manifiesto en que es fácilmente rechazada, no llega a perturbar la conciencia más de cuanto lo puede hacer cualquier tipo de tentación y desaparece con el tiempo), no parecería haber ningún problema. Pero si en cambio se trata de una ‘inclinación’ propiamente dicha, firme y arraigada, fuente constante de tentaciones, aunque no estemos ante una persona abiertamente ‘homosexual’, sin embargo, tal inclinación es signo de que no hay idoneidad moral (Puede leer al respecto de Pablo VI: Sacerdotalis coelibatus, especialmente el n. 64; y de Pío XI: Ad Catholici sacerdotii, especialmente el n. 55).

 

Para el sacerdocio es fundamental la vida del celibato y la posibilidad de vivirlo con serenidad y sin dramaticidad. La tendencia homosexual es una desviación de orden afectivo y si es consentida se convierte en pecado grave contra la castidad (ya sea de pensamiento o de obra). Es claro que es un signo de manifiesta falta de idoneidad para la vida consagrada (no sólo por el hecho de que el seminarista, el sacerdote o el religioso convivirá con personas de su mismo sexo lo que sería para él ‘ocasión próxima de pecado’, sino porque esta desviación es en sí un desvío afectivo). El Papa Juan Pablo II ha abordado en varias ocasione este tema. Creo que es muy importante lo que ha dicho en el discurso a un grupo de obispos del Brasil el 5 de setiembre del 2000: ‘Es mi deber encarecer una renovada atención a la selección de las vocaciones al Seminario, poniendo todos los medios a disposición para lograr un adecuado conocimiento de los candidatos, en particular desde el punto de vista moral y afectivo… Que ningún obispo se sienta excluido de este deber de conciencia. Tendrá que rendir cuentas directamente ante Dios… Sería lamentable que por una malentendida tolerancia, se admitiera a la ordenación a jóvenes inmaduros o con evidentes signos de desviaciones afectivas, que como es tristemente conocido pueden causar grave escándalo en la conciencia de los fieles y daño evidente para toda la Iglesia’. Por ello, recordó que ‘la fidelidad a la doctrina sobre el celibato sacerdotal por el Reino de los Cielos debe ser considerada con gran estima por la Iglesia’. Y especialmente, insistió, ‘cuando se trata de discernir en los candidatos al sacerdocio la llamada a una entrega incondicional y plena… Es necesario recordarles que el celibato no es un elemento extrínseco e inútil una superestructura a su sacerdocio, sino una conveniencia íntima para participar en la dignidad de Cristo y en el servicio de la nueva humanidad’.

 

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, con fecha de 16 de Mayo de 2002 dio una clara ‘Respuesta a cuestiones sobre la Ordenación de Homosexuales’ (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Respuesta a cuestiones sobre la Ordenación de Homosexuales, 16 de mayo de 2002, Prot. n. 886/02/0. Firma Jorge A. Cardinal. Medina Estévez, Prefecto):

 

‘La Congregación para el Clero ha enviado a esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos una carta de su Excelencia, pidiéndonos que clarifiquemos la posibilidad de que hombres con tendencias homosexuales puedan recibir la ordenación presbiteral. Esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, consciente de la experiencia resultante de muchas causas instruidas con el propósito de obtener la dispensa de las obligaciones que derivan de la Sagrada Ordenación, y luego de debida consulta con la Congregación para la Doctrina de la Fe, expresa su juicio como sigue: la ordenación al diaconado y al presbiterado de hombres homosexuales u hombres con tendencias homosexuales es absolutamente desaconsejable e imprudente y, desde el punto de vista pastoral, muy riesgoso. Una persona homosexual, o una con tendencia homosexual no es, por consiguiente, apropiada para recibir el sacramento de las Sagradas Ordenes’ .

 

P. Miguel A. Fuentes, IVE

 

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